domingo, 30 de septiembre de 2012

edgar allan poe

Incluyo aquí información sobre la biografía del autor norteamericano  Edgar Allan Poe, el texto del cuento "El corazón delator" y una filmación basada en dicho relato. ¡Por algo Horacio Quiroga, en su "Decálogo del Perfecto Cuentista", lo consideraba uno de los maestros del cuento!

 Edgar Allan Poe (Extraído de "Vidas y Biografías"-http://www.biografiasyvidas.com/biografia/p/poe.htm )

(Boston, EE UU, 1809-Baltimore, id., 1849) Poeta, cuentista y crítico estadounidense. Sus padres, actores de teatro itinerantes, murieron cuando él era todavía un niño. Edgar Allan Poe fue educado por John Allan, un acaudalado hombre de negocios de Richmond, y de 1815 a 1820 vivió con éste y su esposa en el Reino Unido, donde comenzó su educación.
Después de regresar a Estados Unidos, Edgar Allan Poe siguió estudiando en centros privados y asistió a la Universidad de Virginia, pero en 1827 su afición al juego y a la bebida le acarreó la expulsión. Abandonó poco después el puesto de empleado que le había asignado su padre adoptivo, y viajó a Boston, donde publicó anónimamente su primer libro, Tamerlán y otros poemas (Tamerlane and Other Poems, 1827).
Se alistó luego en el ejército, en el que permaneció dos años. En 1829 apareció su segundo libro de poemas, Al Aaraf, y obtuvo, por influencia de su padre adoptivo, un cargo en la Academia Militar de West Point, de la que a los pocos meses fue expulsado por negligencia en el cumplimiento del deber.
En 1832, y después de la publicación de su tercer libro, Poemas (Poems by Edgar Allan Poe, 1831), se desplazó a Baltimore, donde contrajo matrimonio con su jovencísima prima Virginia Clem, que contaba sólo catorce años de edad. Por esta época entró como redactor en el periódico Southern Baltimore Messenger, y más tarde en varias revistas en Filadelfia y Nueva York, ciudad en la que se había instalado con su esposa en 1837.

Edgar Allan Poe
Su labor como crítico literario incisivo y a menudo escandaloso le granjeó cierta notoriedad, y sus originales apreciaciones acerca del cuento y de la naturaleza de la poesía no dejarían de ganar influencia con el tiempo. La larga enfermedad de su esposa convirtió su matrimonio en una experiencia amarga; cuando ella murió, en 1847, se agravó su tendencia al alcoholismo y al consumo de drogas, según testimonio de sus contemporáneos. Ambas fueron, con toda probabilidad, la causa de su muerte.

La obra de Edgar Allan Poe 

Según Poe, la máxima expresión literaria era la poesía, y a ella dedicó sus mayores esfuerzos. Es justamente célebre su extenso poema El cuervo (The Raven, 1845), donde su dominio del ritmo y la sonoridad del verso llegan a su máxima expresión. Las campanas (The Bells, 1849), que evoca constantemente sonidos metálicos, Ulalume (1831) y Annabel Lee (1849) manifiestan idéntico virtuosismo.
Pero la genialidad y la originalidad de Edgar Allan Poe encuentran quizás su mejor expresión en los cuentos, que, según sus propias apreciaciones críticas, son la segunda forma literaria, pues permiten una lectura sin interrupciones, y por tanto la unidad de efecto que resulta imposible en la novela. 

Publicados bajo el título Cuentos de lo grotesco y de lo arabesco (Tales of the Grotesque and Arabesque, 1840), aunque hubo nuevas recopilaciones de narraciones suyas en 1843 y 1845, la mayoría se desarrolla en un ambiente gótico y siniestro, plagado de intervenciones sobrenaturales, y en muchos casos preludian la literatura moderna de terror; buen ejemplo de ello es La caída de la casa Usher (The Fall of the House of Usher).
Su cuento Los crímenes de la calle Morgue (The Murders in the Rue Morgue) se ha considerado, con toda razón, como el fundador del género de la novela de misterio y detectivesca. Destaca también su única novela Las aventuras de Arthur Gordon Pym (The Narrative of Arthur Gordon Pym), de crudo realismo y en la que reaparecen numerosos elementos de sus cuentos. La obra de Poe influyó notablemente en los simbolistas franceses, en especial en Charles Baudelaire, quien lo dio a conocer en Europa.
 
El Corazón Delator

 






Me es imposible decir cómo aquella idea me entró en la cabeza por primera vez; pero, una vez concebida, me acosó noche y día. Yo no perseguía ningún propósito. Ni tampoco estaba colérico. Quería mucho al viejo. Jamás me había hecho nada malo. Jamás me insultó. Su dinero no me interesaba. Me parece que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre... Un ojo celeste, y velado por una tela. Cada vez que lo clavaba en mí se me helaba la sangre. Y así, poco a poco, muy gradualmente, me fui decidiendo a matar al viejo y librarme de aquel ojo para siempre.



Presten atención ahora. Ustedes me toman por loco. Pero los locos no saben nada. En cambio... ¡Si hubieran podido verme! ¡Si hubieran podido ver con qué habilidad procedí! ¡Con qué cuidado... con qué previsión... con qué disimulo me puse a la obra! Jamás fui más amable con el viejo que la semana antes de matarlo. Todas las noches, hacia las doce, hacía yo girar el picaporte de su puerta y la abría... ¡oh, tan suavemente! Y entonces, cuando la abertura era lo bastante grande para pasar la cabeza, levantaba una linterna sorda, cerrada, completamente cerrada, de manera que no se viera ninguna luz, y tras ella pasaba la cabeza. ¡Oh, ustedes se hubieran reído al ver cuán astutamente pasaba la cabeza! La movía lentamente... muy, muy lentamente, a fin de no perturbar el sueño del viejo. Me llevaba una hora entera introducir completamente la cabeza por la abertura de la puerta, hasta verlo tendido en su cama. ¿Eh? ¿Es que un loco hubiera sido tan prudente como yo? Y entonces, cuando tenía la cabeza completamente dentro del cuarto, abría la linterna cautelosamente... ¡oh, tan cautelosamente! Sí, cautelosamente iba abriendo la linterna (pues crujían las bisagras), la iba abriendo lo suficiente para que un solo rayo de luz cayera sobre el ojo de buitre. Y esto lo hice durante siete largas noches... cada noche, a las doce... pero siempre encontré el ojo cerrado, y por eso me era imposible cumplir mi obra, porque no era el viejo quien me irritaba, sino el mal de ojo. Y por la mañana, apenas iniciado el día, entraba sin miedo en su habitación y le hablaba resueltamente, llamándolo por su nombre con voz cordial y preguntándole cómo había pasado la noche. Ya ven ustedes que tendría que haber sido un viejo muy astuto para sospechar que todas las noches, justamente a las doce, iba yo a mirarlo mientras dormía.




Al llegar la octava noche, procedí con mayor cautela que de costumbre al abrir la puerta. El minutero de un reloj se mueve con más rapidez de lo que se movía mi mano. Jamás, antes de aquella noche, había sentido el alcance de mis facultades, de mi sagacidad. Apenas lograba contener mi impresión de triunfo. ¡Pensar que estaba ahí, abriendo poco a poco la puerta, y que él ni siquiera soñaba con mis secretas intenciones o pensamientos! Me reí entre dientes ante esta idea, y quizá me oyó, porque lo sentí moverse repentinamente en la cama, como si se sobresaltara. Ustedes pensarán que me eché hacia atrás... pero no. Su cuarto estaba tan negro como la pez, ya que el viejo cerraba completamente las persianas por miedo a los ladrones; yo sabía que le era imposible distinguir la abertura de la puerta, y seguí empujando suavemente, suavemente.



Había ya pasado la cabeza y me disponía a abrir la linterna, cuando mi pulgar resbaló en el cierre metálico y el viejo se enderezó en el lecho, gritando:
-¿Quién está ahí?



Permanecí inmóvil, sin decir palabra. Durante una hora entera no moví un solo músculo, y en todo ese tiempo no oí que volviera a tenderse en la cama. Seguía sentado, escuchando... tal como yo lo había hecho, noche tras noche, mientras escuchaba en la pared los taladros cuyo sonido anuncia la muerte.



Oí de pronto un leve quejido, y supe que era el quejido que nace del terror. No expresaba dolor o pena... ¡oh, no! Era el ahogado sonido que brota del fondo del alma cuando el espanto la sobrecoge. Bien conocía yo ese sonido. Muchas noches, justamente a las doce, cuando el mundo entero dormía, surgió de mi pecho, ahondando con su espantoso eco los terrores que me enloquecían. Repito que lo conocía bien. Comprendí lo que estaba sintiendo el viejo y le tuve lástima, aunque me reía en el fondo de mi corazón. Comprendí que había estado despierto desde el primer leve ruido, cuando se movió en la cama. Había tratado de decirse que aquel ruido no era nada, pero sin conseguirlo. Pensaba: "No es más que el viento en la chimenea... o un grillo que chirrió una sola vez". Sí, había tratado de darse ánimo con esas suposiciones, pero todo era en vano. Todo era en vano, porque la Muerte se había aproximado a él, deslizándose furtiva, y envolvía a su víctima. Y la fúnebre influencia de aquella sombra imperceptible era la que lo movía a sentir -aunque no podía verla ni oírla-, a sentir la presencia de mi cabeza dentro de la habitación.

Después de haber esperado largo tiempo, con toda paciencia, sin oír que volviera a acostarse, resolví abrir una pequeña, una pequeñísima ranura en la linterna.



Así lo hice -no pueden imaginarse ustedes con qué cuidado, con qué inmenso cuidado-, hasta que un fino rayo de luz, semejante al hilo de la araña, brotó de la ranura y cayó de lleno sobre el ojo de buitre.
Estaba abierto, abierto de par en par... y yo empecé a enfurecerme mientras lo miraba. Lo vi con toda claridad, de un azul apagado y con aquella horrible tela que me helaba hasta el tuétano. Pero no podía ver nada de la cara o del cuerpo del viejo, pues, como movido por un instinto, había orientado el haz de luz exactamente hacia el punto maldito.
¿No les he dicho ya que lo que toman erradamente por locura es sólo una excesiva agudeza de los sentidos? En aquel momento llegó a mis oídos un resonar apagado y presuroso, como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Aquel sonido también me era familiar. Era el latir del corazón del viejo. Aumentó aún más mi furia, tal como el redoblar de un tambor estimula el coraje de un soldado.
Pero, incluso entonces, me contuve y seguí callado. Apenas si respiraba. Sostenía la linterna de modo que no se moviera, tratando de mantener con toda la firmeza posible el haz de luz sobre el ojo. Entretanto, el infernal latir del corazón iba en aumento. Se hacía cada vez más rápido, cada vez más fuerte, momento a momento. El espanto del viejo tenía que ser terrible. ¡Cada vez más fuerte, más fuerte! ¿Me siguen ustedes con atención? Les he dicho que soy nervioso. Sí, lo soy. Y ahora, a medianoche, en el terrible silencio de aquella antigua casa, un resonar tan extraño como aquél me llenó de un horror incontrolable. Sin embargo, me contuve todavía algunos minutos y permanecí inmóvil. ¡Pero el latido crecía cada vez más fuerte, más fuerte! Me pareció que aquel corazón iba a estallar. Y una nueva ansiedad se apoderó de mí... ¡Algún vecino podía escuchar aquel sonido! ¡La hora del viejo había sonado! Lanzando un alarido, abrí del todo la linterna y me precipité en la habitación. El viejo clamó una vez... nada más que una vez. Me bastó un segundo para arrojarlo al suelo y echarle encima el pesado colchón. Sonreí alegremente al ver lo fácil que me había resultado todo. Pero, durante varios minutos, el corazón siguió latiendo con un sonido ahogado. Claro que no me preocupaba, pues nadie podría escucharlo a través de las paredes. Cesó, por fin, de latir. El viejo había muerto. Levanté el colchón y examiné el cadáver. Sí, estaba muerto, completamente muerto. Apoyé la mano sobre el corazón y la mantuve así largo tiempo. No se sentía el menor latido. El viejo estaba bien muerto. Su ojo no volvería a molestarme.
Si ustedes continúan tomándome por loco dejarán de hacerlo cuando les describa las astutas precauciones que adopté para esconder el cadáver. La noche avanzaba, mientras yo cumplía mi trabajo con rapidez, pero en silencio. Ante todo descuarticé el cadáver. Le corté la cabeza, brazos y piernas.



Levanté luego tres planchas del piso de la habitación y escondí los restos en el hueco. Volví a colocar los tablones con tanta habilidad que ningún ojo humano -ni siquiera el suyo- hubiera podido advertir la menor diferencia. No había nada que lavar... ninguna mancha... ningún rastro de sangre. Yo era demasiado precavido para eso. Una cuba había recogido todo... ¡ja, ja!
Cuando hube terminado mi tarea eran las cuatro de la madrugada, pero seguía tan oscuro como a medianoche. En momentos en que se oían las campanadas de la hora, golpearon a la puerta de la calle. Acudí a abrir con toda tranquilidad, pues ¿qué podía temer ahora?
Hallé a tres caballeros, que se presentaron muy civilmente como oficiales de policía. Durante la noche, un vecino había escuchado un alarido, por lo cual se sospechaba la posibilidad de algún atentado. Al recibir este informe en el puesto de policía, habían comisionado a los tres agentes para que registraran el lugar.



Sonreí, pues... ¿qué tenía que temer? Di la bienvenida a los oficiales y les expliqué que yo había lanzado aquel grito durante una pesadilla. Les hice saber que el viejo se había ausentado a la campaña. Llevé a los visitantes a recorrer la casa y los invité a que revisaran, a que revisaran bien. Finalmente, acabé conduciéndolos a la habitación del muerto. Les mostré sus caudales intactos y cómo cada cosa se hallaba en su lugar. En el entusiasmo de mis confidencias traje sillas a la habitación y pedí a los tres caballeros que descansaran allí de su fatiga, mientras yo mismo, con la audacia de mi perfecto triunfo, colocaba mi silla en el exacto punto bajo el cual reposaba el cadáver de mi víctima.
Los oficiales se sentían satisfechos. Mis modales los habían convencido. Por mi parte, me hallaba perfectamente cómodo. Sentáronse y hablaron de cosas comunes, mientras yo les contestaba con animación. Mas, al cabo de un rato, empecé a notar que me ponía pálido y deseé que se marcharan. Me dolía la cabeza y creía percibir un zumbido en los oídos; pero los policías continuaban sentados y charlando. El zumbido se hizo más intenso; seguía resonando y era cada vez más intenso. Hablé en voz muy alta para librarme de esa sensación, pero continuaba lo mismo y se iba haciendo cada vez más clara... hasta que, al fin, me di cuenta de que aquel sonido no se producía dentro de mis oídos.



Sin duda, debí de ponerme muy pálido, pero seguí hablando con creciente soltura y levantando mucho la voz. Empero, el sonido aumentaba... ¿y que podía hacer yo? Era un resonar apagado y presuroso..., un sonido como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Yo jadeaba, tratando de recobrar el aliento, y, sin embargo, los policías no habían oído nada. Hablé con mayor rapidez, con vehemencia, pero el sonido crecía continuamente. Me puse en pie y discutí sobre insignificancias en voz muy alta y con violentas gesticulaciones; pero el sonido crecía continuamente. ¿Por qué no se iban? Anduve de un lado a otro, a grandes pasos, como si las observaciones de aquellos hombres me enfurecieran; pero el sonido crecía continuamente. ¡Oh, Dios! ¿Qué podía hacer yo? Lancé espumarajos de rabia... maldije... juré... Balanceando la silla sobre la cual me había sentado, raspé con ella las tablas del piso, pero el sonido sobrepujaba todos los otros y crecía sin cesar. ¡Más alto... más alto... más alto! Y entretanto los hombres seguían charlando plácidamente y sonriendo. ¿Era posible que no oyeran? ¡Santo Dios! ¡No, no! ¡Claro que oían y que sospechaban! ¡Sabían... y se estaban burlando de mi horror! ¡Sí, así lo pensé y así lo pienso hoy! ¡Pero cualquier cosa era preferible a aquella agonía! ¡Cualquier cosa sería más tolerable que aquel escarnio! ¡No podía soportar más tiempo sus sonrisas hipócritas! ¡Sentí que tenía que gritar o morir, y entonces... otra vez... escuchen... más fuerte... más fuerte... más fuerte... más fuerte!



-¡Basta ya de fingir, malvados! -aullé-. ¡Confieso que lo maté! ¡Levanten esos tablones! ¡Ahí... ahí!¡Donde está latiendo su horrible corazón!





Traducción: Julio Cortázar
Comic: Alberto Breccia
Ver en Utube una filmación del relato:
http://www.youtube.com/watch?v=sl1l6v0ydfQ




INTRODUCCIÓN A "LAZARILLO DE TORMES"



Introducción a Lazarillo de Tormes

El Lazarillo de Tormes es la primera novela picaresca de la literatura española. Publicada en 1554, en pleno apogeo de la literatura de caballerías y romances, cuenta, en primera persona, las aventuras y desventuras de Lázaro, o Lazarillo de Tormes, desde su nacimiento y paso por diferentes amos, hasta su llegada a pregonero de la ciudad de Toledo.

Su autor es anónimo, posiblemente porque la obra supone una feroz crítica al clero y a la sociedad de la época. Sobre su autoría se barajaron nombres como el monje Juan de Ortega, el escritor dramático Sebastián de Orozco y el humanista Diego Hurtado de Mendoza, pero no se ha podido demostrar ninguna de ellas. La novela estuvo prohibida hasta 1537, y la Inquisición la incluyó dentro del Índice de libros prohibidos. Después se autorizó su publicación con la omisión de los capítulos más críticos (en los que Lázaro se asienta con el fraile de la Merced y el buldero) y la censura de algunos párrafos donde se criticaba al clero con especial dureza. Hasta el siglo XIX no se publicó la versión completa.

Las primeras ediciones que se conservan de la obra pertenecen a 1554, y se imprimieron, respectivamente, en Burgos (por Juan de Junta), Medina del Campo (por Mateo y Francisco Campo), Alcalá de Henares (por Salcedo) y Amberes (por Martín Nucio). Estas ediciones parecen ser independientes entre sí, y se cree que las más antiguas son las de Burgos y Medina. Solamente se conserva un ejemplar de estas ediciones, excepto en caso de Amberes de la que se conservan siete ejemplares, y es probable que la aparición de 4 ediciones simultáneas se deba al éxito generado por una edición anterior, probablemente hacia 1552.

La novela se sitúa en la España de del siglo XVI, bajo el reinado de Carlos I de España y V de Alemania, durante el apogeo del imperialismo español, iniciado por los Reyes Católicos con la conquista de América. Socialmente, España está en crisis económica por el gasto de la política imperialista y las continuas guerras. Abunda la pobreza y la miseria en las calles, apareciendo la llamada "picaresca" el modo de vida basado en la supervivencia y la lucha contra el hambre a través del ingenio y el engaño. Había numerosos vagabundos y mendigos en las calles. Hombres de todas las clases añadían títulos a sus nombres y se negaban a realizar cualquier tipo de labor manual que no consideraban a su altura. El clero estaba en una clara necesidad de reforma, y el fenómeno de los bulderos vendiendo indulgencias que garantizaban el perdón de Dios a cambio de dinero era muy frecuente. Pero también España se encontraba en la Edad de Oro de la literatura y de las artes, con el Renacimiento en pleno auge, como se ve reflejado en el breve periodo que pasa Lázaro con su amo el pintor de tambores. Todos estos acontecimientos históricos se van a ver reflejados en la novela.

El tema principal de Lazarillo de Tormes es moral, y supone una crítica feroz al falso sentido del honor y a la hipocresía, que solo sirve a los poderosos mientras que los pobres (representados por Lázaro) pasan hambre y miseria. Uno de los mensajes de la novela es el despertar de Lázaroa la vida real, donde aprende que para progresar hay que aparentar ser virtuoso, no serlo. Esta visión nihilista y desencantada sobre la vida, la sociedad y sobre todo la Iglesia, hizo pensar a los críticos en una posible autoría del Lazarillo de Tormes de un judío converso al cristianismo o un seguidor de Erasmo de Rotterdam . Consecuencia de esta visión, el libro fue incluído en el índice de libros prohibidos por la Inquisición, que no permitió su circulación hasta que no fue expurgado de sus párrafos anticlericales.

Toda la novela obedece a la idea de cambio, es el camino hacia la estabilidad económica que Lázaro pretende desde que es un niño. Ya su nombre resulta profético (Lázaro es en losEvangelios el hombre al que Jesús resucita a los cuatro días de su muerte), como Lázaro en la novela busca una nueva vida donde ya no pasará hambre.

La novela cuenta la vida de Lázaro pero utilizando siempre el realismo, acercándose a los temas de la vida cotidiana, y evitando la idealización de situaciones. En ocasiones roza incluso 'el naturalismo, describiendo la realidad con sus elementos más desagradables, como en el caso del episodio de la longaniza, o las descripciones de los maltratos a Lázaro.

El Lazarillo de Tormes se escribió entre narraciones caballerescas idealizantes y epopeyas pastoriles propias del Renacimiento, y supuso una auténtica ruptura con estos estilos, al contar una epopeya del hambre y la subsistencia a través del ingenio que le valió por su originalidad crear un nuevo género literario, la novela picaresca novela picaresca, caracterizada por la narración en primera persona, la inclusión del realismo, el paso por varios amos y la visión pesimista y desengañada del mundo, continuando la tradición realista de la literatura española, revitalizada entonces por La Celestina y sus continuaciones.

El libro se hizo pronto popular y se reimprimió muchas veces. Su popularidad se extendió más allá de España, y fue traducido al francés (1560), al inglés (1576), al holandés (1579), al alemán (1617), y al italiano (1622). Al iniciar el nuevo género literario de la novela picaresca, va a ser de gran importancia en la literatura española del Siglo de Oro, y se generan una serie de novelas influenciadas por el Lazarillo de Tormes como Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán (1599 y 1604) y Vida del Buscón llamado don Pablos de Francisco de Quevedo (hacia 1603) y en la literatura anglosajona Fortunas y adversidades de la famosa Moll Flanders de Daniel Defoe (1722), y 'La historia de Tom Jones, un expósito de Henry Fielding (1749).


Resumen del argumento del Lazarillo de Tormes


La obra está dividida en siete tratados y un prólogo, y cuenta en primera persona la historia de LázaroGonzález Pérez, un niño de origen muy humilde cuyo sobrenombre proviene del lugar donde nació, el río Tormes, hijo de Antona Pérez y Tomé Gonzalez. Su padre es acusado de ladrón y obligado a servir a un caballero, y muere durante una expedición contra los moros cuando Lázaro tiene ocho años. Con su madre se van a vivir a la ciudad, donde ella trabajaba para el comendador de la Magdalena. Antona comienza una relación con un hombre negro llamado Zaide, con el que tiene otro hijo, y todos viven felices durante un tiempo hasta que Zaide es acusado de robar la comida y bienes con los que mantenía a la familia, y es capturado y azotado. En esta situación su madre decide poner a Lázaro al servicio de un ciego que conoce en un mesón para que le enseñe a desenvolverse en la vida.

El ciego es un hombre astuto y cruel. La primera enseñanza que da a Lázaro es sugerirle que acerque la cabeza a una piedra donde "oirá un gran ruido". Lázaro obedece y el ciego le golpea la cabeza contra la piedra, para enseñarle que no debe fiarse de nadie ya que "“el mozo del ciego un punto ha de saber más que el diablo.” También es un hombre avaro y mata de hambre a Lázaro, que se ve obligado a aguzar el ingenio para conseguir comida, rivalizando en astucia con su amo en diversos episodios. El ciego le despierta a la maldad del mundo, y aunque le da muchas lecciones valiosas para la supervivencia, Lázaro, harto de golpes y malos tratos finalmente decide abandonarle, no sin antes vengarse llevándole a darse de bruces contra un poste de piedra, momento que el muchacho aprovecha para huir corriendo.

En el segundo tratado, Lázaro tiene un nuevo amo, un clérigo de Maqueda, que resulta ser muy avaro, aún más que el ciego. Harto de pasar hambre, comienza a sisar pan de un baúl donde el clérigo lo esconde. Para ello, se hace con una copia de la llave y la esconde en su boca mientras duerme. El clérigo nota que le falta pan del baúl, y piensa que hay ratones. Un día, la llave silba en la boca de Lázaro mientras duerme y el clérigo confunde el sonido con el de una serpiente, golpeando en la cama a Lázaro pensando que está ahí la serpiente que le roba el pan. Lázaroqueda malherido, y el clérigo, descubierto el engaño al ver la llave en su boca, le despide.

El tratado tercero cuenta la historia del siguiente amo de Lázaro, un escudero que se encuentra en Toledo. Es un hombre de muy buena apariencia, por lo que el muchacho piensa que es rico. Sin embargo, al llegar a su casa, se da cuenta de que es una casa pobre, oscura y sin muebles. El escudero, aunque aparenta lo contrario, es muy pobre. Para poder comer, Lázaro tiene que mendigar, y es él el que alimenta a su amo con sus limosnas. Un día, el gobierno prohibe mendigarpor las calles, y Lázaro, por suerte, consigue comida a través de unas vecinas. Pero el escudero pasa ocho días sin comer, hasta que consigue un real con el que manda a Lázaro al mercado. Más tarde el escudero decide abandonar la ciudad para no hacer frente al pago del alquiler de la casa, y Lázaro vuelve a quedarse solo.

En el tratado cuarto, Lázaro sirve a su siguiente amo, un Fraile de la Merced, con el que permanece poco tiempo, ya que a este le gustaba mucho salir del convento y caminar, y pronto Lázaro se cansa de seguirle. Dado que en ocho días Lázaro rompe sus zapatos de tanto caminar, el Fraile fue su primer amo en regalarle un par de zapatos nuevos.

El siguiente amo de Lázaro es un vendedor de bulas o buldero, y en el tratado quinto describe los timos y estafas que lleva a cabo mediante la venta de indulgencias (una indulgencia o bula, era un documento eclesiástico que certificaba, a cambio de una suma, la exención de cierta cantidad de años de purgatorio). El buldero estaba aliado a un alguacil, y ambos representaban un número donde fingían una posesión diabolica que se curaba con las bulas. Después de cuatro meses,Lázaro abandona al buldero.

En el tratado sexto, Lázaro encuentra su siguiente amo, un artista pintor de panderos con el que permanece muy poco. Más tarde, en una iglesia conoce al que será su séptimo amo, un capellán, que le da a Lázaro su primer trabajo remunerado, que consiste en vender agua en las ciudades. Tras cuatro años en ese oficio, Lázaro puede comprarse ropa y una espada, y abandona el oficio y al capellán.

En séptimo y último tratado, el siguiente amo de Lázaro es un alguacil, pero permanece muy poco con él, porque considera que su oficio es muy peligroso.

Finalmente consigue el cargo de pregonero de Toledo gracias al Arcipreste de la Iglesia de San Salvador, el cual también le ofrece una casa y la posibilidad de casarse con una de sus criadas.Lázaro se casa con ella, pero hay rumores insistentes de que la criada es amante del arcipreste y que el matrimonio es una farsa para ocultar esa relación. El motivo de contar la historia de su vida, es que 'Lázaro escribe una carta donde se defiende de los rumores y de las burlas que recibe públicamente por la supuesta (y más que probable) condición de adúltera de su mujer. Lázaro, después de todas las penalidades que ha pasado en la vida para llegar a donde está, una situación acomodada y estable, decide ignorar los rumores y vivir feliz el resto de sus días.

Personajes de Lazarillo de Tormes

La novela picaresca "Lazarillo de Tormes" cuenta con los siguientes personajes:


Lazarillo de Tormes

Lázaro González Pérez, más conocido como Lazarillo de Tormes, es el protagonista de la novela. Representa a la clase baja y pobre de la época. Es un antihéroe, y a lo largo de la novela vemos como su carácter va pasando de niño inocente a adulto cínico y desengañado, ya que las duras circunstancias de su vida le obligan a aguzar el ingenio para subsistir. A lo largo de la novela va cambiando de amo, para intentar mejorar su situación. Con cada amo, Lázaro pasa situaciones diferentes, todas más o menos miserables, por eso cuando consigue un puesto estable como pregonero en Toledo y una esposa, no le importan los rumores que apuntan a una relación de su mujer con el Arcipreste, ya que no piensa perder esa situación por nada.


Antona Pérez

Es la madre de Lázaro. Uno de los pocos personajes de la novela con nombre y apellidos, al igual que su hijo, al que entrega en un mesón a un ciego, ya que ella no puede cuidarle más.


El ciego

El ciergo es el primer amo de Lázaro, y personaje que más influye en su vida. Despierta a Lázarode su inocencia y le enseña a ser astuto y malicioso. Lázaro se ve obligado a establecer batallas de ingenio con él para conseguir comida, ya que este le trata mal constantemente y le mata de hambre. Por esto Lázaro acaba finalmente abandonándole, no sin antes vengarse de él por susmaltratos, haciendo que se estrelle contra un poste antes de salir huyendo.


El clérigo

Segundo amo de Lázaro, representa al clero como mezquinos y maliciosos. Todavía más avaro que el ciego, hace pasar tanta hambre a Lázaro que este se ve obligado a aguzar su ingenio de nuevo para robar pan del arca donde lo guardaba. El clérigo confunde a Lázaro con una serpierte por el el sonido silbante que hacía la llave del arca en la boca de Lázaro, donde la escondía, y le golpea pensando que es un reptil. Tras descubrir el engaño lo despide.


El escudero

El escudero es el tercer amo de Lázaro. Representa las falsas apariencias de la época, ya que se viste como si tuviera mucho dinero, cuando en realidad es más pobre que Lázaro si cabe. En este caso, los papeles entre el amo y Lázaro cambian: el escudero depende de Lázaro y sus limosnas. El escudero luego lo abandona, y Lázaro vuelve a las calles.


El Fraile de la Merced

Es el cuarto amo de Lázaro, que le regala su primer par de zapatos para que aguante su ritmo. Su afición a pasar tiempo fuera del convento, y a caminar hacen que Lázaro se canse de él y le abandone.


El buldero

Es el quinto amo de Lázaro. Representa la falsa religiosidad. El buldero vendía bulas a la gente mediante engaños y elaborados ardides. Lázaro no tenía mucha relación con él y se sentía un poco desatendido, por lo que lo acaba dejando.


El pintor

El pintor es el sexto amo de Lázaro, pero estuvo muy poco tiempo con él. Representa a la claserenacentista culta y artística de la época.


El capellán

Séptimo amo de Lázaro, y el primero que le ofrece un sueldo, por ser aguador en las ciudades.Lázaro estuvo cuatro años con este amo, hasta que junta dinero suficiente para comprarse ropa usada y una espada, y después abandona el oficio y a su amo.


El alguacil

Octavo amo de Lázaro. El alguacil representa la ley en aquella época. Pero Lázaro encuentra el oficio muy peligroso, y lo acaba dejando.


El Arcipreste de San Salvador

Noveno y último amo de Lázaro. Representa la corrupción de clero ya que se rumorea que casa a una de sus criadas con Lázaro para acallar los rumores sobre la relación clandestina que el arcipreste mantiene con ella.


Comentario del Lazarillo de Tormes

El Lazarillo de Tormes pertenece al género de novela picaresca, y marca las características posteriores del género: el protagonista relata la historia en primera persona y escribe para justificar su vida como pícaro y antihéroe. El protagonista pasa por diferentes amos, la trama representa la vida cotidiana y contiene una buena cantidad de crítica social.

Un rasgo común de la novela picaresca es la forma autobiográfica, así Lázaro relata los sucesos fundamentales de su vida, que van a expresar el proceso educativo del protagonista, una evolución pedagógica que para el lector va a resultar perversa, ya que en lugar de aprender valores morales, lo que Lázaro aprende durante su vida con los diferentes amos (en especial con el ciego), es el valor de la astucia y el engaño para la supervivencia, que finalmente le conseguirán una apariencia de honra en su puesto de pregonero y su matrimonio con la criada del arcipreste.

Se publicaron varias impresiones de esta obra incompleta hasta que en el siglo XIX se publicó la original que consta de un Prólogo y siete tratados.

Tratado primero: Cuenta Lázaro su vida y cúyo hijo fue.
Tratado segundo: Cómo Lázaro se asentó con un clérigo y de las cosas que con él pasó.
Tratado tercero: Cómo Lázaro se asentó con un escudero y de lo que le acaesció con él.
Tratado cuarto: Cómo Lázaro se asentó con un fraile de la Merced y de lo que le acaesció con él.
Tratado quinto: Cómo Lázaro se asentó con un buldero y de las cosas que con él pasó.
Tratado sexto: Cómo Lázaro se asentó con un capellán y lo que con él pasó.
Tratado séptimo: Cómo Lázaro se asentó con un alguacil y de lo que le acaesció con él.

El humor y la ironía son una de las claves del Lazarillo de Tormes, y la vía por la que el lector actual se acerca a la obra. Destaca por ello el tratado primero, en el que se cuenta la relación deLázaro con su amo, el ciego. Las batallas de ingenio entre ambos y el permanente antagonismo de su relación siguen siendo atractivos para los lectores de hoy en día. El autor también utiliza la sátira en esta novela como medio para criticar y ridiculizar la sociedad española del siglo XVI, especialmente al clero.

El lenguaje del libro pretende acercarse al modo de hablar llano y sencillo de las clases bajas de la época. Palabras como "cogote" o "jarro", utilizadas tranquilamente en la novela, se consideraban en aquella entonces indignas de de ser oídas por gente cultivada.

A pesar de este acercamiento, el lenguaje coloquial en el Lazarillo de Tormes está en buena medida pulido y dignificado artísticamente.

El estilo de la novela es una muestra de elegancia y decoro literario. Abunda el empleo derecursos estilísticos como la aliteración (ganaba más en un mes que cien ciegos en un año), la figura etimológica (las malas burlas que el ciego burlaba) o la bimembración ("Al uno de mano besada / y al otro de lengua suelta"). La obra también hace uso de numerosas técnicas narrativas, como la suspensión en el episodio del buldero, o la estructura redonda de la novela, que acaba concluyendo en lo que se incia.

Es destacable la caracterización de los personajes. Como novedad en la literatura española no encontramos con que el personaje protagonista va cambiando y evolucionando y pasa de ser un niño ingenuo a un hombre práctico y realista, aprendiendo de las lecciones que le da la vida. El resto de personajes también se hallan perfectamente individualizados y caracterizados, la crueldad y astucia del ciego, la mezquindad del clérigo, el carácter soñador del escudero pobre...

En cuanto al estilo del Lazarillo de Tormes, se basa en la búsqueda de la verosimilitud narrativay utiliza un estilo humilde que se acomoda a los temas y personajes de clase baja de la novela, con el uso de lenguaje coloquial, que refleja el medio social del protagonista.

Su originalidad, su valor humano, y su transcendencia literaria y cultural convierten al Lazarillo de Tormes en una obra artística de primer orden, y uno de los clásicos más valorados en la historia de la literatura española.